-¿El de los dibujos animados?
-No! eso es el laboratorio de Dexter, no tiene nada que ver!
Todavía doy gracias por aquel día. Simplemente me mostró la cabecera de un capítulo: Es la única vez que me ha ocurrido, pero cuando ví esto, sabía que estaba delante de mi siguiente serie-vicio:
Pero la personalidad de Dexter, abandonado y maltratado por sus padres cuando era pequeño, es diferente a la de cualquier otra persona. Desde los 4 años, cuando fue adoptado por el oficial de policía Harry Morgan, Dexter siente la necesidad de matar para llenar su vacío interior. Harry descubre las tendencias homicidas de su nuevo hijo, y decide ayudarle a canalizarlas hacia un objetivo más constructivo, que se resume en asesinar únicamente a criminales que hayan conseguido vencer al sistema y escapar de las garras de la ley. Obviamente, también le enseña a cubrir sus rastros para no ser capturado (esa es la primera regla del código de Harry).
Con
todo esto, ¿Qué tenemos? En principio algo interesante, con sangre por
doquier, investigación policial, alguna tía buena, polis duros, forenses
adictos al porno, y por supuesto nuestro querido forense/asesino en
serie. En fin, los ingredientes ideales para hacer una “buena” serie. Lo
que pasa es que ésta no es un “buena” serie, ésta es una de “las
grandes”. Lo que la hace grande, es que, a todo lo anterior, suma una
gran descripción a lo largo de los 24 capítulos de los procesos internos
del protagonista en cada momento. Dexter, en primera persona, nos va
narrando sus sentimientos, o falta de ellos, ante cada situación que se
le presenta. Y lo más interesante no es su reacción cuando hace
pedacitos (literalmente) a alguien y lo tira a la bahía, ya que todo el
mundo se puede imaginar que, básicamente, el “cabronazo” siente placer,
alivio o algo parecido. Lo bueno es meterse en su cabeza ante
situaciones tan cotidianas como estar en la cama con su novia( mas
cotidiano para unos que para otros), jugar a los bolos con sus
compañeros de trabajo o ir a una cita doble con su hermana , he ir
observando sus reacciones, tan apartadas, en teoría, de los “cánones” de
la normalidad.
Lo que no es Dexter, a pesar de lo que algunas mentes algo anquilosadas puedan pensar, es una apología del asesino-justiciero, que solo mata a criminales. Él que vea en Dexter un modelo de conducta a imitar, que se lo haga mirar seriamente.
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